I
La oscuridad se tragó el pasaje entero. Yo escuchaba todo como desde un eco. Estábamos en la plaza tomándonos una pilsen de manera tranquila, incluso honesta. El país entero había colapsado. Los pacos corrían calle arriba disparando, se devolvían con gente arrastras sangrando, metiéndolas a tirones a los vehículos del orden público. Nosotros en cambio estábamos pilseando, en medio de una puta película gringa. El guitarrista de Ignaros me paso un latón de medio de Becker, probablemente la cerveza más asquerosa del planeta. Yo tenía mi propio pack de latones amarrado al cinturón pero acepte la lata por decencia. En cuanto la alcé para empinarmela, el líquido comenzó a salir disparado desde la parte inferior. El guitarrista se comenzó a reír de manera exagerada mientras yo intentaba limpiar su broma de mi chaqueta. Hijo de puta neonazi conchatumare, pensaba. Hijo de la puta reculia falopera, con una sonrisa y unos ojos achinaos, pensando que clase de broma era esa. Tomamos y tomamos, y cuando me fui a comprar un 05 cortaron la luz.
Sonaron unos balazos y demasiado tarde divisé el fuego de una barricada en la esquina. Pasó un helicóptero por sobre la población, alumbrándonos con focos gigantes desde el cielo, yo no podía creer la cagaita que estaba quedando. Llegaron furgones de pacos y se bajaron cientos de fuerzas especiales, empezaron a disparar y cortaron la luz. Se escucharon ráfagas de balazos y una sirena de emergencia. Yo tratando de buscar unos pitos me encontré con una anarquista que había visto ya en otros lugares similares. ¿Oye los tenis?, le pregunté escuchando como baleaban a la gente en la esquina. Sí, mira, estos son de indoor pero de allá de mi casa; y extendió la mano con unos cogollos del tamaño de berenjenas, de color moradoverdosoamarillo. Yo los miré de cerca y los olí. ¿Y ese es un 05?, le pregunté. No po, no están pesaos, pero ¿cuánto queris?, me pregunto cómo apurándome, mirando como los pacos dejaban la caga en la pobla. Un 05 noma pos, si te dije, y de la nada alguien me agarra el brazo desde atrás y me piden el carnet, y en eso se me caen los latones, mi amiga desaparece, sólo escucho el helicóptero revoloteando, y le pregunto que quién es y viene corriendo una turba, que me separa del paco y nos metemos todos a una casa.
El dueño de casa es un viejo que sabe que los pacos no se pueden meter a la casa, aunque en las poblas siempre se metan igual, el viejo no les tiene miedo y les dice que si quieren meterse adentro que vayan a llamar a los milicos. Yo le miro descolocado porque de verdad que no creo que sea tan choro en pleno golpe de estado. Pasan las horas y somos cientos de personas adentro de la casa del caballero que nos resguarda. Mas a la noche se acerca un hombre vestido de traje y gafas, pregunta por el dueño de casa a través de la reja del jardín. ¿Sí?, pregunta desde lejos al ceneta. Éste le dice que se acerqué que le tiene información de su hija desaparecida en los ochenta. El viejo queda pa la cagá. Comienzan a intercambiar susurros con el tipo de traje. Alcanzó a oír que le advierte al dueño de casa que tiene que sacar a todos esos weones de la casa antes de que lleguen los de inteligencia, que ahí si que va a quedar la caga, que no se cague la vida por unos pendejos culiaos. Pero el viejo no se deja amedrentar por las amenazas del ceneta. Antes de irse, el tipo de traje dice que van a cortar la luz en toda la ciudad, para que la gente no se espante cuando vea las pilas de cuerpos en las esquinas.
Yo aún pensando en la cerveza derramada en mi chaqueta, en los cogollos del porte de una berenjena envueltos en diario, en el paco que casi me agarra, no puedo creer la mansa caga que dejaron estos milicos culiaos, y pienso en lo lejos que estoy de la casa y que me salve de los pacos. Y los cuerpos comienzan a apilarse en las esquinas.
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